Ana Janco cultiva frambuesas, frutillas y moras en una chacra de Colonia San Francisco. Su enfoque está puesto en la calidad más que en la cantidad, ya que considera que la salud de sus plantas es fundamental para obtener frutos sanos. "Siempre estamos de un lado al otro, salimos temprano y llegamos tarde", cuenta sobre su rutina diaria.
El camino de Ana en la producción de fruta fina no fue sencillo. Madre soltera, enfrentó el desafío de ingresar al mercado recorriendo verdulerías en Neuquén capital con su producción. Con el tiempo, logró expandirse y hoy sus frutos llegan a ciudades como Bariloche y San Martín de los Andes.
"Trabajar la tierra te tiene que gustar y a mí me encanta", afirma con entusiasmo. Para ella, la frutilla no solo es un fruto hermoso por su color y sabor, sino también el sustento de su familia. "Neuquén es un paraíso, se tira una semilla y produce", destaca sobre la fertilidad de la región.
El cultivo de frutillas en Senillosa y Plottier ha crecido gracias a la disponibilidad de agua para riego y la reconversión de tierras productivas. Además, la zona es clave para la producción viverista de frutilla en Argentina, un sector que ha encontrado en Neuquén condiciones óptimas para su desarrollo.
El apoyo de organismos como la Secretaría de Producción e Industria y el INTA ha sido fundamental para el crecimiento del sector. Ana destaca la importancia de las capacitaciones y el asesoramiento técnico, que permiten mejorar la calidad de la producción a través de prácticas sustentables.
Por su parte, Catalina Marino Pardo, productora en La Esperanza, Plottier, alquila tres hectáreas para el cultivo de frutillas y recientemente ha incorporado frambuesas. "Trabajaba con mis hijos y ahora ya puedo contratar gente", comenta con orgullo sobre su crecimiento.
Catalina enfatiza la importancia de entregar una fruta fresca y de calidad. "Me levanto temprano para completar las cajas y que la gente tenga el producto recién cosechado", afirma. Sin embargo, reconoce que la actividad tiene sus desafíos, como la falta de agua o las heladas tardías que pueden afectar la producción.
La comercialización de fruta fina en la región es variada. Gran parte de la producción de Neuquén abastece a mercados locales y supermercados, mientras que otros productores han logrado expandirse a localidades como Cipolletti, San Martín de los Andes y Bariloche.
Según datos del RENSPA, en 2024 la frutilla ocupó aproximadamente 131 hectáreas en Neuquén, con 71 productores que trabajan en promedio dos hectáreas cada uno. A esto se suman 60 hectáreas destinadas a la producción de plantines para exportación a países como Brasil, Colombia y Chile.
La cosecha anual de fruta fina en Neuquén alcanza cerca de 30 toneladas y se extiende de octubre a abril. Mientras que el 85% de la producción se comercializa en fresco, el resto se destina a congelado, permitiendo un mayor alcance en el mercado.
Catalina invita a más productores a sumarse a esta actividad. "Es importante inscribirse en asociaciones, seguir buenas prácticas y cuidarse para poder trabajar la tierra", concluye, resaltando la importancia del trabajo en comunidad para el desarrollo del sector.
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