Mariana Barrera de sidra Pülku sueña con ser referente en el Alto Valle y abrirse al turismo rural

(Por Pablo Comoli y Analía Mas) Ella es economista y magister en finanzas, con valioso paso por la Universidad de Harvard. Hoy convertida “sentimentalmente” en emprendedora, tiene “entrega, perseverancia y mucho, mucho trabajo”. Hija mayor de dos ingenieros, María Inés y Ernesto, confía en el potencial de Pülku (significa “chicha”) que se “produce al pie del árbol”.

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Dos apasionadas por una pyme familiar
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Madre e hija en honor a Ernesto
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María Inés

Es la actual CEO y con relevante experiencia en proyect finance entiende que “la situación macroeconómica no nos acompañó y hoy estamos en una situación financiera difícil, pero estamos convencidas de que lo vamos a lograr”, y remarca que “tenacidad no nos falta”.

Su padre perdió una larga y tenaz batalla frente a un cáncer de páncreas, eso inmediatamente la movilizó a sumarse “codo a codo” junto a su madre en la pyme familiar. Pülku perdía a su alma mater, pero en su honor continuaron trabajando en su chacra “Don Simón”, de la ciudad de Villa Regina.

¿Cómo se animaron a emprender?

“Al principio nos decían que estábamos locos, ¿producir sidra? -María Inés dixit- ahora vemos que hay varios productores pequeños, gente joven, tal como ocurre en otras partes del mundo”. “Todo lo hicimos con recursos propios”, recuerda.

La historia relata que sus padres querían agregarle valor a la producción de fruta, y que allá por el 2011 estudiaron la tendencia mundial y aprendieron a producir sidra. Viajaron y estudiaron los mercados de Asturias, País Vasco, Normandía Francesa, Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos.

Fueron la primera bodega de sidra del país, cuya capacidad empezaba con 25.000 litros por año. En 2012 lanzaron 1.000 botellas de Pülku de manzana seca y manzana dulce (100% manzana). Y en 2014 la primera sidra 100% de pera de Argentina.

“Mis padres siempre buscaron la innovación, respetando la identidad del Alto Valle de Río Negro”, menciona. Siguiendo esta línea en 2015 presentaron una sidra natural (vasca o asturiana) y, en 2016, 3 sidras frutadas (sauco, casís y frambuesa) con frutos provenientes de El Bolsón.

En 2016 ampliaron su planta para “responder a una demanda creciente”, bajo financiamiento de los programas FONTAR y FONAPyME. Pero en 2018 la partida de Ernesto se hace realidad y desde allí, toda la familia decide sumarse a las tareas cotidianas.

¿Cuáles son sus rasgos más característicos como emprendedoras?

“Para ser emprendedor en Argentina hay que ser un romántico y estar enamorado del país. Es entrega, perseverancia y mucho, mucho trabajo. La situación es difícil, pero no creo que sea algo nuevo. Nosotras estamos comprometidas con el Alto Valle”.

¿Cómo ven al mercado actual?

“Argentina es el 7mo consumidor mundial de sidra (2 litros por año son 80 millones), sin embargo es el único donde el consumo cae. Esto se debe a la calidad del producto, y por asociarlo con las fiestas de fin de año, de todos modos y pese a la falta de estadísticas, el mercado se encuentra en proceso de cambio”, explica Mariana.

“Esas claves son que Sidra Real y Victoria presentaron dos nuevas marcas: 1888 y Pehuenia, el método champenois que hacemos nosotras también se hace en Mendoza, y alcanzar los 70 puntos de ventas.

Hablando de números, ¿cuáles son los productos actuales, y qué números de producción tienen?

“En 2019 finalizamos la ampliación de la planta, generando capacidad para producir 120.000 litros anuales. Buscamos acercarnos a las sidras europeas que son secas, con poca azúcar, agregado de gas, pero con burbujas finas”.

“Somos la única bodega de sidra integrada de la Argentina, por eso decimos que producimos nuestras sidras al pie del árbol (desde la fruta hasta el embotellado). Nuestras sidras no contienen saborizantes ni esencias químicas, sus aromas y sabores son naturales, nacen de la fruta”.

¿Qué futuro imaginan?

“La situación macroeconómica no nos acompañó y hoy estamos en una situación financiera difícil. Gran parte de nuestros esfuerzos están concentrados en resolver este punto, pero estamos convencidas de que lo vamos a lograr. Tenacidad no nos falta. Ahora, que terminamos la ampliación de la planta, nuestro desafío es multiplicar nuestros puntos de venta y, por qué no, exportar. También queremos abrir la chacra al turismo rural, para que la gente pueda conocer la historia de nuestra familia y cómo se produce la sidra”.

“Soñamos con que Pülku crezca y nuestra planta de elaboración artesanal sea referente del Alto Valle, en el marco de la ruta de la sidra patagónica” finaliza.

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