La iniciativa, impulsada por la comisión de fomento que preside Leonardo Grandón, no persigue fines de lucro, sino un claro objetivo social. A través de la bloquera, los pobladores de Coyuco y Cochico reciben capacitación y participan en la producción de bloques. Del total fabricado, cada trabajador puede quedarse con el 40% para su uso personal, mientras que el 60% restante queda para la comuna.
Ese esquema dio lugar a un círculo virtuoso: los bloques que pertenecen a la comisión de fomento se comercializan y permiten generar un fondo rotativo que se reinvierte en la compra de insumos básicos como arena, cemento y piedra pómez, garantizando la continuidad del proyecto y su sostenibilidad en el tiempo.
Ángel, un vecino que se mudó de Coyuco a Cochico hace apenas cuatro meses, es uno de los beneficiarios directos de la iniciativa. Con 43 años y un hijo adolescente, comenzó a trabajar en la bloquera con el objetivo de levantar su vivienda. “Estoy muy agradecido, porque es una gran experiencia. Uno produce y, al mismo tiempo, puede hacer los bloques para su propia casa”, contó. Según explicó, cada 500 bloques producidos se queda con 200, y con unos 1.000 bloques ya podría levantar las paredes de su hogar.
La ubicación geográfica de Coyuco-Cochico, en el límite norte de Neuquén y con acceso a través de la Ruta Provincial 53, es uno de los principales condicionantes. Se encuentra a unos 80 kilómetros de Barrancas, por caminos de montaña que encarecen significativamente el traslado de materiales de construcción. Grandón detalló que, en localidades cercanas, la compra de mil ladrillos huecos ronda los 2,5 millones de pesos, a lo que se suma un costo de envío similar. En cambio, producir esa misma cantidad de bloques en la bloquera local demanda alrededor de 1,6 millones de pesos.
“Esta bloquera no está pensada en términos de costo-beneficio, sino como una ayuda comunitaria”, explicó el jefe comunal. “El traslado de materiales hasta la localidad es muy caro y, además, hay que sumar el desgaste y mantenimiento de los vehículos por el estado de los caminos. Por eso, contar con una herramienta propia marca una diferencia enorme para los vecinos”.
Así, la bloquera comunal se convirtió en mucho más que una fábrica de bloques: es una política de arraigo, capacitación y solidaridad que permite que el sueño de la casa propia deje de ser una meta lejana para los pobladores del norte neuquino.