Impulsado a partir de una combinación de inversión estatal y privada, el polo funciona como un ecosistema de trabajo colaborativo que reúne a estudiantes, emprendedores, pymes, grandes empresas e instituciones educativas, con el objetivo de fortalecer la competitividad del entramado económico local.
El complejo cuenta actualmente con dos edificios principales. El primero fue desarrollado por el Estado, mientras que el segundo, ya en pleno funcionamiento, fue impulsado por capitales privados a través de un fideicomiso que apostó a replicar en Neuquén modelos de polos tecnológicos que ya funcionan en las principales ciudades del mundo.
En este espacio se desarrollan actividades de coworking, capacitación, incubación de empresas y vinculación con organizaciones dedicadas a promover el emprendedurismo y la innovación, generando un entorno propicio para el intercambio de conocimientos y la creación de nuevos negocios.
Uno de los ejes centrales del Polo Tecnológico es la incorporación de herramientas vinculadas a la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. El complejo cuenta con un laboratorio específico donde empresas, profesionales y emprendedores pueden capacitarse, experimentar y aplicar soluciones tecnológicas a sus procesos productivos.
Desde la gestión del polo destacan que la adopción de inteligencia artificial ya no es opcional, sino una condición necesaria para competir en la economía actual. En ese sentido, se promueve el acceso abierto a capacitaciones, talleres y contenidos prácticos que permiten trasladar estas herramientas al ámbito comercial, industrial y profesional.
Además de la tecnología, el polo se posiciona como un punto de encuentro entre el sistema educativo y el mundo empresarial. Universidades, institutos y estudiantes avanzados utilizan el espacio para desarrollar proyectos, realizar tesis y vincularse con empresas, acortando la brecha entre la formación académica y las demandas del mercado laboral.
La iniciativa también apunta a fortalecer la productividad y la eficiencia de las empresas locales. El uso de inteligencia artificial, realidad virtual, drones y sistemas digitales ya comenzó a reflejarse en mejoras operativas, reducción de costos y optimización de procesos en distintos sectores de actividad.
En paralelo, el Polo Tecnológico acompaña el crecimiento del sector energético y de servicios asociados a Vaca Muerta, sin limitarse exclusivamente a esa industria. Comercios, emprendimientos gastronómicos, franquicias y empresas de distintos rubros también encuentran en el espacio una oportunidad para modernizar sus modelos de negocio.
A corto plazo, el proyecto sumará un nuevo componente clave con la puesta en marcha del Instituto Vaca Muerta, que funcionará en el edificio desarrollado por el Estado. Allí se dictarán capacitaciones orientadas a oficios y nuevos perfiles laborales vinculados a la industria energética, con inicio previsto para el próximo año.
La visión de largo plazo contempla la incorporación de más edificios, la llegada de universidades y la ampliación de servicios, consolidando un distrito de innovación que potencie el crecimiento de Neuquén en una economía cada vez más basada en el conocimiento.
Desde el sector privado remarcan que la rentabilidad del proyecto no se mide únicamente en términos inmobiliarios, sino en la ventaja competitiva que obtienen las empresas que incorporan tecnología, capacitación y nuevas formas de trabajo.
Con este modelo de gestión compartida entre el Estado y los privados, el Polo Tecnológico de Neuquén se proyecta como una herramienta clave para diversificar la economía local, generar empleo calificado y posicionar a la ciudad en un nuevo escenario productivo, alineado con los desafíos de la economía digital y la innovación.