El Alto Valle procesó su primer cultivo de cáñamo industrial (y abre una nueva etapa agroindustrial)

El pasado martes, el Alto Valle de Río Negro fue escenario de un acontecimiento trascendental para el futuro agroindustrial de la Patagonia: se realizó el procesamiento del primer cultivo de cáñamo industrial de la región. Este hito, impulsado por la Fundación GEN, marca el inicio de un nuevo camino hacia una producción sustentable con múltiples usos económicos y ambientales.

Mario López, ingeniero de la Fundación GEN, explicó en diálogo con Radio Cumbre que esta experiencia es el resultado de un trabajo de años, centrado en el desarrollo de una genética propia adaptada a la región. Aclaró que el cáñamo difiere del cannabis recreativo por tener un contenido de THC menor al 1%, lo que impide su uso psicoactivo, pero lo convierte en una planta versátil para la industria.

Durante décadas, el cultivo de cáñamo estuvo prohibido en Argentina, lo que interrumpió toda posibilidad de desarrollo tecnológico y comercial en torno a esta planta. Con el cambio en la legislación, se abre una oportunidad histórica para recuperar el tiempo perdido y apostar por una industria incipiente que ya da señales alentadoras.

Actualmente, los ensayos de producción se realizan en dos zonas de la región: el lago Marimenuco en Neuquén y en General Roca, Río Negro. Según López, se trata de un cultivo anual que se adapta a los ciclos estacionales y ofrece ventajas como la rápida ocupación del suelo —de tan solo 60 días cuando se cultiva para fibra—, lo cual lo vuelve ideal para la rotación con otros cultivos.

Neuquén ya está trabajando en su propia legislación provincial para acompañar este proceso, al igual que Mendoza, que acaba de sancionar su ley. López participó de un evento nacional sobre cáñamo y cannabis en esa provincia, destacando que hay un fuerte interés por parte de los gobiernos provinciales y municipales en acompañar este nuevo paradigma productivo.

En cuanto a los resultados locales, López indicó que la cosecha de Marimenuco —una siembra tardía en suelos sin materia orgánica— ofreció muy buenos rendimientos. No obstante, reconoció que se sembró fuera de la fecha ideal y que el año próximo se iniciarán los trabajos desde octubre para optimizar la productividad.

Uno de los mayores desafíos del sector es el desarrollo tecnológico para el procesamiento del cáñamo. Aunque algunas maquinarias usadas en cultivos como soja, girasol u oliva pueden adaptarse para extraer semillas y aceites, el trabajo con fibras requiere de equipamiento muy específico y costoso, muchas veces importado.

En este sentido, se están realizando esfuerzos conjuntos con universidades, el INTA y el IPA para adaptar tecnologías disponibles y reducir costos. Algunas máquinas de trilla ya fueron modificadas con éxito para recolectar semillas de cáñamo en General Roca, lo que representa un avance significativo.

Además de su uso para obtener semillas y aceites, el cáñamo industrial tiene un enorme potencial en el sector de la construcción. López explicó que se lo emplea como agregado al hormigón para mejorar su resistencia, en la elaboración de placas similares a las OSB y como aislante térmico natural, comparable con la lana de vidrio.

El cáñamo también tiene aplicaciones en la producción textil —una de las más antiguas—, así como en la fabricación de bioplásticos y biocombustibles. Esta diversidad de usos posiciona al cultivo como una alternativa integral en tiempos donde se demandan soluciones sustentables.
Para el ingeniero de la Fundación GEN, el acompañamiento del Estado ha sido clave. Desde las provincias, municipios y organismos técnicos hay interés y voluntad política para continuar explorando las posibilidades del cáñamo industrial como un eje de desarrollo regional.

Finalmente, López destacó que esta planta no solo ofrece beneficios económicos, sino que también mejora la calidad del suelo y favorece prácticas agrícolas más amigables con el ambiente. La experiencia iniciada en la Patagonia podría replicarse en otras zonas del país si se consolida una red de apoyo e inversión.

El procesamiento del primer cultivo de cáñamo en el Alto Valle marca el inicio de un nuevo horizonte productivo que combina innovación, sustentabilidad y desarrollo regional. Un paso firme hacia una agroindustria del futuro que ya empezó a germinar.

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