Gírgolas todo el año: el innovador emprendimiento de hongos gourmet en San Patricio del Chañar

En un rincón del Alto Valle, donde la producción de frutas y vinos suele ser protagonista, un nuevo cultivo empieza a abrirse paso con fuerza: los hongos comestibles. En 2024, Gastón Labrín, un emprendedor de San Patricio del Chañar, inició la producción de gírgolas mediante un sistema sustentable que le permite cosechar durante todo el año y reutilizar residuos orgánicos. La historia comenzó casi por casualidad, en una charla nocturna durante una guardia de ambulancia.

Labrín, que trabaja como chofer en el hospital local, conoció el mundo de los hongos gracias a un compañero que había experimentado con cultivos sobre troncos. Intrigado por el potencial del producto, no tardó en contactar al Centro PyME-Adeneu, una institución que impulsa el desarrollo de pequeños y medianos emprendimientos en Neuquén.

El asesoramiento técnico que recibió le abrió la puerta a una forma de producción más ambiciosa: cultivar gírgolas sobre sustrato. A diferencia del sistema con troncos, que sólo permite producir durante un par de meses al año, el cultivo en sustrato brinda cosechas constantes. Esto se logra mediante un estricto control de variables como la humedad y la temperatura, en salas especialmente acondicionadas.

Con espíritu emprendedor —también es dueño de dos panaderías—, Gastón no dudó en reformar un viejo galpón para adaptarlo a esta nueva actividad. Allí instaló el equipamiento necesario y, siempre bajo la guía del Centro PyME-Adeneu, comenzó a elaborar su propio sustrato y a producir las primeras bolsas con semilla de hongo.

El proceso completo se realiza en ese espacio: desde la preparación del sustrato, que incluye residuos como viruta de madera u orujo de frutas, hasta la siembra y cosecha. “De la siembra a la cosecha solo esperamos un mes”, explicó Labrín con orgullo. La fórmula del sustrato proviene del Laboratorio de Hongos Comestibles del Centro PyME-Adeneu.

Uno de los pilares del emprendimiento es su enfoque sustentable. No solo reutiliza materiales que de otro modo se desecharían, sino que también produce un alimento saludable, de alta calidad y con creciente demanda. El sistema requiere inversión inicial, pero su capacidad de producción continua lo convierte en una opción rentable a mediano plazo.

La marca que Labrín creó se llama Fungus Fresh, y apunta principalmente al sector gastronómico. Restaurantes y chefs valoran la frescura, el sabor y la textura de las gírgolas, un hongo que hasta hace pocos años era prácticamente desconocido en las cocinas regionales.

Desde el Centro PyME-Adeneu acompañaron todo el proceso, desde el diseño de la planta de elaboración hasta las capacitaciones específicas para el cultivo y el tratamiento del sustrato. Esa sinergia entre emprendedor e institución fue clave para consolidar el proyecto.

Hoy, a poco más de un año de haber comenzado, Fungus Fresh representa un ejemplo de cómo la innovación, el trabajo y el asesoramiento adecuado pueden transformar una idea en un emprendimiento sostenible. Además, destaca el potencial productivo de la región más allá de sus cultivos tradicionales.

La historia de Gastón Labrín no solo habla de hongos. Es también una historia de oportunidades, de búsqueda constante y de aprovechar los recursos disponibles con creatividad y compromiso. Y es, además, una invitación a mirar el desarrollo local desde otra perspectiva, más diversa y sustentable.

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