La vendimia en San Patricio del Chañar no solo dio origen a nuevos vinos, sino también a un nuevo espacio que amplía la oferta vitivinícola local. Se trata de la bodega urbana “El Chical”, inaugurada por Alejandro Mussi y Liliana León, que funcionará como punto de producción, comercialización y encuentro cultural.
El establecimiento se integra a la creciente ruta del vino neuquino, aportando una propuesta que combina elaboración artesanal con experiencias turísticas y culturales.
Mussi comenzó su camino en el mundo del vino hace poco más de una década, a partir de un taller de capacitación que despertó su interés por la actividad. Con el tiempo, ese proyecto inicial evolucionó hasta convertirse en una bodega boutique con identidad propia.
A diferencia de otros emprendimientos, “El Chical” no cuenta con viñedos propios, sino que trabaja con productores que proveen la uva. El proceso productivo se completa en el lugar, desde la molienda y fermentación hasta la estabilización y posterior comercialización.
“Traemos la uva, realizamos todo el proceso y esperamos aproximadamente un año para que el vino esté listo. Es un trabajo que seguimos de cerca en cada etapa”, explicó el emprendedor.
El crecimiento del proyecto contó con el acompañamiento del Centro PyME-Adeneu, que brindó financiamiento y asistencia técnica durante el proceso de consolidación.
“Hace diez años que trabajamos con el Centro PyME-Adeneu, que fue clave para poder llegar a este momento”, destacó Mussi.
Más allá de la producción, el espacio tiene una impronta que trasciende lo estrictamente vitivinícola. Liliana León explicó que la propuesta apunta a generar un lugar de encuentro para la comunidad.
“El vino es la excusa. Queremos ofrecer un espacio cálido donde también haya eventos culturales, música y actividades que convoquen a la gente”, señaló.
La apertura de la bodega contó con la presencia de autoridades locales y referentes del sector turístico y productivo, entre ellos el presidente de NeuquénTur, Gustavo Capiet, y funcionarios municipales.
Durante el acto, el Concejo Deliberante de la localidad entregó una declaración de interés municipal, reconociendo el aporte del emprendimiento al desarrollo turístico y cultural de la región.
En cuanto a la producción, la bodega se enfoca principalmente en varietales como el malbec, aunque también ha incursionado en otras opciones como cabernet sauvignon y vinos blancos, en función de la demanda del mercado.
El nombre “El Chical” tiene un origen histórico y simbólico. Según explicó Mussi, proviene de la denominación que antiguos pobladores daban a la zona, vinculada al origen del nombre “Chañar”, recuperada de textos históricos.
Con esta incorporación, la localidad continúa consolidándose como uno de los polos vitivinícolas emergentes de la Patagonia, sumando propuestas que integran producción, turismo y cultura en un mismo espacio.
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