La producción de frutillas, una actividad poco convencional que no para de crecer 

(Por Natali Ruiz de Galarreta) En Neuquén, las hectáreas cultivadas de frutilla crecen en el orden del 10% por temporada. Las cualidades climáticas de la zona y los precios competitivos de la fruta, dos grandes impulsos detrás del crecimiento de la superficie implantada.

Desde mediados de octubre hasta principios de mayo, en Neuquén se cultivaron 1.200 toneladas de este delicioso fruto. Y este fue un número importante para la producción de la zona, donde el 70% se comercializa en fresco y el resto se lo hace de manera congelada. 

Sin embargo, “algunos productores han comenzado a lograr extender la ventana de cosecha mediante la aplicación de tecnologías de protección térmica del cultivo, tales como coberturas textiles, macro y microtúneles de polietileno”, según comentó Tomás Lochbaum, técnico del Programa de Frutas Finas del Centro PyME-Adeneu.

Es que desde el Centro PyME-Adeneu, organismo dependiente del ministerio de Producción e Industria, se brinda asesoramiento técnico permanente al sector, además de capacitaciones y financiamiento para la compra de insumos varios para el negocio.

Lochbaum aseguró que de esa manera, los productores (que se encuentran ubicados principalmente en la zona rural de Plottier), pueden contar con fruta fresca hasta la segunda quincena de mayo y por lo tanto, “alcanzar precios más competitivos”.

Los productores neuquinos de frutilla brindan abastecimiento a las cadenas de supermercados que tienen presencia en la región, y en menor medida al corredor que comprende desde Chubut a Ushuaia. En algunos casos, también abastecen los mercados de la Comarca Andina, como El Bolsón y Los Antiguos, además de San Carlos de Bariloche y San Martín de los Andes.

El sector dinamiza también la oferta laboral, aunque de forma estacional. “El cultivo de frutillas es una actividad muy intensiva que requiere una alta dotación de mano de obra, en particular para la labor de cosecha, a razón de cuatro o cinco personas por hectárea”, estimó Lochbaum.

A partir de que muchos productores se volcaron a la actividad en los últimos años, algunos también han decidido diversificar hacia la producción de frambuesas y moras, que tienen una buena cotización a partir de la disminución de hectáreas dedicadas a esos frutos en la región.

“Históricamente las moras arbustivas cultivadas en la zona se caracterizaban por ser marcadamente ácidas. Pero se fueron desarrollado ensayos con nuevas variedades dulces, de características organolépticas sumamente interesantes y excelente desempeño productivo bajo nuestras condiciones ambientales”, comentó el especialista.

La calidad diferencial de la frutilla regional está dada por una concentración superior de sólidos solubles (azúcares), otorgado por las condiciones ambientales particulares de la Norpatagonia, en especial la marcada amplitud térmica. Estos atributos, sumados a la excelente sanidad, “podrían capitalizarse en pos de posicionar favorablemente al producto en destinos comerciales diferenciados”, según se detalló.

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