En los últimos años, la ciudad neuquina prácticamente duplicó su población, impulsada por la llegada de nuevos residentes que buscan calidad de vida, contacto con la naturaleza y servicios urbanos consolidados. Este fenómeno generó una presión creciente sobre el mercado inmobiliario, donde la oferta de viviendas no logra seguir el ritmo de la demanda.
En ese contexto, se pondrá en marcha un nuevo barrio abierto sobre más de 200 hectáreas, lindero a desarrollos ya existentes, con un concepto que combina urbanismo, naturaleza y arte. El proyecto contempla una inversión estimada de entre US$ 250 y US$ 300 millones, posicionándose como uno de los emprendimientos privados más importantes de la región.
El masterplan prevé la construcción de entre 450 y 500 unidades de vivienda, con una superficie total edificada de entre 45.000 y 60.000 metros cuadrados. A diferencia de otros desarrollos turísticos, la propuesta está pensada principalmente para habitantes permanentes de la ciudad, con foco en cubrir una demanda estructural insatisfecha.
Además de las viviendas, el proyecto incluirá espacios comerciales de cercanía, amplias áreas verdes, un centro cultural y una fuerte presencia de espacio público, con el objetivo de integrarse a la trama urbana y potenciar la vida cotidiana de la localidad.
Uno de los ejes distintivos será un paseo tipo costanero en una zona de bosque protegido con vistas al lago, que combinará veredas amplias, locales en planta baja y recorridos pensados tanto para residentes como para visitantes, sumando un nuevo punto de atracción urbana.
Desde el entorno del desarrollo destacan que el objetivo es lograr un equilibrio entre crecimiento y preservación ambiental, apostando a un modelo de urbanización sostenible, con identidad local y estándares de calidad acordes al entorno natural de la Patagonia.
El proyecto comenzaría a desarrollarse a mediados de 2026 y se estima que alcanzará un grado avanzado de consolidación en un plazo de tres a cinco años, acompañando la evolución demográfica y económica de Villa La Angostura.
La iniciativa se apoya en un contexto de mercado donde los valores del metro cuadrado residencial presentan una amplia dispersión, reflejo de la escasez de oferta y de la diversidad de productos disponibles, lo que refuerza el atractivo de nuevas propuestas planificadas a gran escala.
Con este emprendimiento, la ciudad suma infraestructura urbana, servicios y espacios públicos que apuntan a fortalecer su perfil como lugar para vivir durante todo el año, más allá de la estacionalidad turística.
El desarrollo marca un punto de inflexión para el real estate patagónico, al introducir una propuesta integral que articula inversión privada, planificación urbana y puesta en valor del entorno natural.
De esta manera, Villa La Angostura se consolida como uno de los polos inmobiliarios más dinámicos del sur argentino, reflejando una tendencia que atraviesa a toda la Patagonia: dejar de ser solo un destino de paso para convertirse en un lugar de residencia y proyección a largo plazo.