Neuquén y Río Negro lideran la creación de empleo mientras el resto del país pierde puestos de trabajo

Impulsadas por Vaca Muerta y la expansión de sectores extractivos, ambas provincias se consolidan como polos laborales en un contexto nacional adverso, marcado por la caída del empleo industrial y comercial.

Neuquén y Río Negro se posicionaron como dos de las provincias con mejor desempeño en materia de empleo registrado durante enero de 2026, en un escenario nacional caracterizado por una fuerte contracción del mercado laboral.

De acuerdo con los últimos datos difundidos, Río Negro sumó aproximadamente 3.200 nuevos puestos de trabajo formales, mientras que Neuquén incorporó cerca de 3.000, ubicándose entre las pocas jurisdicciones que lograron crecer en términos de empleo.

El dato cobra mayor relevancia si se lo contrasta con la dinámica nacional: en el mismo período, el resto del país acumuló una pérdida cercana a los 100.000 empleos registrados, reflejando una marcada disparidad en la evolución del mercado laboral.

El factor determinante detrás del crecimiento en la Norpatagonia es el desarrollo de Vaca Muerta y la expansión de la actividad hidrocarburífera, que continúa traccionando inversiones, producción y demanda de servicios asociados.

En Neuquén, el epicentro de este proceso, el avance sostenido de los proyectos de petróleo y gas no convencional genera empleo directo en los yacimientos, pero también indirecto en sectores como la construcción, el transporte, la logística, la hotelería y el comercio.

Río Negro, por su parte, capitaliza este crecimiento a través de su integración en la cadena energética, con proyectos vinculados a infraestructura, transporte de hidrocarburos y desarrollo portuario, lo que amplía el impacto económico y laboral en su territorio.

Este efecto derrame explica por qué ambas provincias no solo resisten el contexto adverso, sino que logran expandir su base de empleo en un momento donde otras regiones muestran retrocesos significativos.

En contraposición, las mayores caídas se registraron en distritos con fuerte peso industrial y comercial. Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lideraron las pérdidas, con más de 23.000 empleos menos cada una, seguidas por provincias como Chubut, Mendoza, Santa Cruz y Salta.

El retroceso se concentra principalmente en la industria manufacturera, que perdió cerca de 40.000 puestos en el último año, con impactos particularmente fuertes en sectores como el textil y la metalmecánica. El comercio también mostró una contracción relevante, en línea con la caída del consumo.

Este escenario refleja un cambio estructural en la economía argentina, donde los sectores vinculados a los recursos naturales —como el petróleo, el gas y la minería— ganan protagonismo como generadores de divisas, pero con menor capacidad de absorción de mano de obra en comparación con la industria.

En ese marco, especialistas advierten sobre una “dualidad” en el modelo económico, con sectores altamente dinámicos en términos de inversión y exportaciones, pero menos intensivos en empleo.

A pesar de este desafío, el desempeño de Neuquén y Río Negro evidencia el impacto positivo que puede tener la articulación entre recursos naturales, infraestructura y políticas de desarrollo en la generación de actividad económica.

El crecimiento del empleo en estas provincias también está asociado a la llegada de nuevas empresas, la expansión de proveedores locales y el desarrollo de servicios vinculados a la industria energética, lo que configura un ecosistema productivo cada vez más complejo.

En paralelo, el avance de proyectos estratégicos —como oleoductos, gasoductos, terminales portuarias y desarrollos de GNL— anticipa que esta tendencia podría consolidarse en los próximos años, ampliando el impacto sobre el empleo regional.

Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo lograr que este crecimiento tenga un efecto más amplio sobre el conjunto de la economía, especialmente en términos de generación de empleo de calidad y sostenido en el tiempo.

En este contexto, Neuquén y Río Negro emergen como protagonistas del nuevo mapa productivo argentino, donde la energía redefine las dinámicas de crecimiento, inversión y trabajo en el país.

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