Hogar protegido, familia tranquila: cómo se cuidan hoy las casas

Un relevamiento del Observatorio de Seguridad de Verisure muestra que la prevención ya forma parte de la rutina: el 87% reforzó la seguridad de su vivienda en el último año y ocho de cada diez valoran recibir alertas ante movimientos inusuales en el hogar.

Cada familia tiene sus pequeños rituales para cuidar la casa: cerrar con llave, dejar una luz encendida, avisarle a un vecino antes de viajar. Pero detrás de esos gestos hay una misma búsqueda: la tranquilidad de saber que el hogar y quienes lo habitan están protegidos. Ese es el foco del último estudio del Observatorio de Seguridad de Verisure, una encuesta cuantitativa realizada en marzo de 2026 a 300 hombres y mujeres mayores de 30 años, de nivel socioeconómico medio y medio-alto. Sus resultados permiten entender cómo se cuidan hoy las familias de las grandes ciudades y qué necesitan para sentirse seguras.

La prevención, un hábito instalado

Lejos de esperar a que algo ocurra, la mayoría elige adelantarse. El 87% realizó algún refuerzo o chequeo de seguridad en su vivienda durante el último año, sobre todo en iluminación y cerraduras. Y el 62% asegura que se anticipa a posibles hechos de inseguridad cada vez que se ausenta durante el día.

Esa atención tiene que ver con una fuerte percepción cotidiana: el 92% dice notar en algún momento señales que lo hacen pensar que podría ocurrir un incidente, como movimientos inusuales en el edificio, personas merodeando o puertas y ventanas que no cierran bien.

Por eso no sorprende que la protección del hogar sea una prioridad. Tres de cada cuatro encuestados consideran importante o muy importante contar con un sistema que proteja la casa incluso cuando están adentro, y el 79% valoraría recibir alertas sobre movimientos, ruidos o comportamientos inusuales mientras duerme.

Lo que más importa proteger

A la hora de definir prioridades, las personas ponen primero a las personas. Los niños encabezan la lista de lo que resulta muy importante cuidar (76%), seguidos por los adultos mayores (65%) y las mascotas (61%), muy por delante de los electrodomésticos, el dinero o las joyas.

La familia también está en el centro de la educación cotidiana. Entre quienes tienen hijos menores de 17 años, el 99% dice hablar con ellos sobre cuestiones de seguridad, y el 74% les pide que se comuniquen para confirmar que están bien. Es una forma de cuidado que se apoya en la comunicación y en saber, en todo momento, que todo está en orden.

Las mascotas, en tanto, ganan lugar como integrantes de la familia: cuatro de cada diez encuestados sienten la necesidad de monitorearlas en tiempo real cuando no están en casa, una tendencia que crece entre las mujeres, los más jóvenes y de ahí sus ganas en tener alarmas monitoreadas para casas.

Temporadas que piden más atención

No todos los momentos del año se viven y se “sienten” igual en materia de inseguridad. El invierno, las fiestas y los fines de semana largos aparecen como las épocas en las que las personas se sienten más expuestas. Y para cada una hay una estrategia distinta: en invierno se opta por cerrar todo y activar la alarma; en los feriados largos, por avisar a los vecinos o dejar a alguien en la casa; y en las fiestas, directamente, por quedarse adentro.

Las vacaciones son otro punto sensible. Tres de cada cuatro personas reconocen que dejar el hogar solo les genera algún nivel de estrés. La principal preocupación es el robo (59%), seguida por la intrusión (47%) y los riesgos como incendios, inundaciones o escapes de gas (33%). Para sobrellevarlo, el 83% deja a alguien a cargo y en más de la mitad de los casos un familiar pasa por la casa una vez al día. La confianza manda: el 91% se siente cómodo dejándole la llave a un familiar, mientras que casi la mitad no lo haría con el encargado del edificio. Además, crece el uso de cámaras como medida de cuidado durante esas ausencias.

“Cada familia tiene su manera de cuidarse, y eso está muy bien. Lo que buscamos es sumar una capa de protección que funcione siempre, aunque nadie pueda pasar por la casa ese día o aunque todos estén durmiendo”, afirma Carlos Beltrán, director de operaciones de Verisure Argentina.

Alertas a tiempo, respuesta inmediata

Cuando no están en casa, las alertas que más valoran los encuestados son las que permiten anticiparse: detección de movimientos (59%), sonidos extraños o rotura de vidrios (57%) y apertura de puertas o ventanas (54%). La puerta principal es percibida como el acceso más vulnerable: el 62% considera probable o muy probable un ingreso por allí.

A esto se suma un descuido que cualquiera reconoce: el 58% admite que, al salir apurado, alguna vez o siempre siente que pudo haber olvidado cerrar una puerta o una ventana.

Frente a una emergencia, casi todos saben qué hacer: el 74% llamaría al 911 y el 59% avisaría a la policía. Sin embargo, solo el 24% tiene una alarma conectada a una central que se comunique con ellos ante un evento, y apenas el 15% dispone de un botón de emergencia.

¿Qué brinda más calma respecto de la seguridad del hogar? Las respuestas se reparten entre la presencia humana (53%) y los sistemas de seguridad electrónica monitoreados por profesionales (47%). Quienes eligen la tecnología valoran la vigilancia continua las 24 horas y el profesionalismo; quienes prefieren a las personas destacan la intervención inmediata y la confianza. Entre los mayores de 61 años, la opción tecnológica es la preferida.

“Las familias nos dicen que quieren dos cosas: que algo esté atento todo el tiempo y que alguien responda enseguida si pasa algo. Por eso nuestro monitoreo funciona las 24 horas, los 365 días del año, con un equipo que verifica cada alerta y actúa de inmediato. La tecnología detecta y las personas cuidan”, señala Beltrán.

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