Don Pedro: el sabio de Copahue que transforma saberes ancestrales en salud natural

En las inmediaciones del complejo termal de Copahue, un hombre de 80 años se ha convertido en parte del paisaje y del alma del lugar. Pedro Guillermo Rodríguez, conocido cariñosamente como “Don Pedro”, es un emprendedor que elabora y ofrece productos naturales siguiendo métodos heredados de sus antepasados. Su conocimiento, forjado en el campo y transmitido por generaciones, se combina con la energía de la tierra volcánica para dar vida a aceites, ungüentos y cremas que conquistan a quienes visitan esta región neuquina.

Don Pedro asegura no necesitar medicamentos de farmacia. Atribuye su buena salud al contacto permanente con la naturaleza y, sobre todo, a los beneficios del volcán Copahue. “Son muchos años que estoy acá y he visto a mucha gente mejorar de distintas enfermedades”, cuenta con serenidad y convicción. Su historia es testimonio de una vida guiada por la sabiduría de lo simple y lo natural.

Su vínculo con el campo comenzó desde muy joven. Nacido en La Pampa, vivió luego en las afueras de Bahía Blanca y más tarde se trasladó a la Patagonia. En todos esos lugares trabajó en contacto con la tierra, los animales y las plantas. “Mi trabajo siempre estuvo relacionado al campo”, afirma con orgullo.

Desde hace cuatro décadas, Pedro se dedica a la producción artesanal de preparados medicinales. Utiliza ingredientes como cera de abeja, llantén, jarilla y otras hierbas curativas, siempre recolectadas de manera consciente y natural. “No uso balanza, ni conservantes, mucho menos colorantes. Hago todo como me enseñaron mi abuelita, mi madre y la gente del campo”, explica.

El proceso que emplea es lento y cuidadoso, respetando los ciclos de la naturaleza. Por ejemplo, la jarilla se cosecha en primavera, luego se deja secar, se machaca y finalmente se “cura” bajo la nieve durante más de un mes. “Así me enseñaron y así lo hago”, dice Don Pedro, reafirmando su confianza en los saberes antiguos.

Su producción es limitada porque cada preparación requiere tiempo y dedicación. “Lo que hago requiere trabajo y tiempo, por eso mi producción es limitada”, comenta, destacando que no busca producir en masa, sino conservar la calidad y la autenticidad de sus productos.

Durante la temporada termal, Pedro instala su puesto en las cercanías de la Laguna del Chancho, desde el 1 de diciembre hasta Semana Santa, cuando cierra el complejo. Su presencia se ha vuelto parte del paisaje para quienes llegan a Copahue en busca de descanso y bienestar.

Para la próxima temporada, sin embargo, planea un cambio. Tiene pensado realizar sus ventas de forma ambulante para caminar por la zona y dialogar más de cerca con la gente. “Quiero caminar y charlar con la gente”, dice, mostrando que más allá de la venta, lo que más disfruta es el contacto humano.

Sus productos no solo despiertan el interés de quienes valoran lo natural, sino también de quienes buscan un alivio genuino para dolencias crónicas o afecciones de la piel. Don Pedro escucha, recomienda y comparte anécdotas, generando un vínculo especial con sus clientes.

En un mundo atravesado por la industrialización y el consumo rápido, la figura de Don Pedro representa un oasis de coherencia y respeto por la tierra. Su manera de producir y vivir recuerda que hay otras formas de cuidar la salud, más lentas, pero también más profundas.

Más allá de lo económico, para Pedro su actividad es una forma de hacer el bien. “Me llevo muchas satisfacciones, no tiene nada que ver con la plata”, afirma. Los beneficios materiales no son su motor, sino el bienestar que ve reflejado en quienes regresan cada año en busca de sus preparados.

Este hombre sencillo, que aprendió de su abuela y de su madre, ofrece mucho más que cremas o ungüentos: comparte un legado cultural, una forma de vida, una conexión con lo esencial. En Copahue, Don Pedro es parte de la experiencia termal, un sabio entre montañas que transforma el saber ancestral en salud natural.

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