En el paraje Paila Leche, un pequeño poblado del norte neuquino donde viven apenas unas pocas familias, Lucía Guerrero sostiene una tradición que heredó de sus padres y que hoy representa una parte fundamental de la identidad productiva de la región: la elaboración artesanal de queso de cabra.
Ubicado a unos 30 kilómetros de Andacollo y a 45 de Chos Malal, el paraje enfrenta cada invierno las dificultades propias de la nieve y los caminos de montaña. Allí, Lucía trabaja junto a su esposo y uno de sus hijos, mientras sus otros cuatro hijos ya formaron sus propias familias fuera del campo.
"Es la vida que elegí, vivir en el campo y producir lo que está al alcance de uno", expresó la productora, quien decidió continuar con el oficio que aprendió desde niña.
La elaboración de queso forma parte de una tradición que atraviesa varias generaciones de su familia. "Mi madre lo hacía y nosotros seguimos con esa actividad", contó, destacando la importancia de conservar ese conocimiento que pasó de generación en generación.
Durante la temporada productiva, que se extiende entre diciembre y fines de marzo, Lucía elabora entre 30 y 40 kilos de queso por mes. La mayor parte corresponde a hormas redondas, aunque también produce algunas cuadradas, siempre mediante un proceso completamente artesanal.
Su objetivo es incrementar la producción para fortalecer la economía familiar. "Mi sueño sería poder hacer cinco kilos de queso por día para mejorar la estabilidad económica", señaló.
El invierno representa el mayor desafío para quienes viven en el Alto Neuquén. Las intensas nevadas suelen cortar los caminos y dificultan tanto la vida cotidiana como la comercialización de los productos.
"Lo más difícil son las cuestiones del clima. Cuando se corta la ruta por la nevada y queda más helado, eso sería lo más complicado", explicó.
Aun así, la venta de los quesos le permite afrontar buena parte de los gastos familiares durante el año. "Lo más gratificante es cuando vendés tu producto y recibís el dinero. En verano me soluciona el problema económico", afirmó.
Más allá del ingreso económico, Lucía asegura que la mayor satisfacción llega cuando quienes prueban sus quesos reconocen su calidad y el valor de un producto elaborado de manera tradicional.
"Siento un gran orgullo cuando prueban los quesos porque toda la gente que los prueba dice que son un buen producto. Es un producto regional único de acá, del paraje Paila Leche y uno se siente visible con los productos que hace", destacó.
La historia de Lucía Guerrero refleja el esfuerzo de muchas familias rurales del norte neuquino que mantienen vivas las tradiciones productivas de la provincia. En cada horma de queso conviven el conocimiento heredado, el arraigo al territorio y la decisión de seguir apostando por una forma de vida ligada al campo y a la producción regional.