La experiencia acumulada durante décadas en algunos de los principales proyectos de transporte de hidrocarburos de América Latina ahora tiene un nuevo destino: Vaca Muerta. Socotherm busca aplicar su conocimiento en protección y revestimiento de ductos para desarrollar soluciones que permitan reducir costos y acelerar la construcción de infraestructura en la Cuenca Neuquina.
La compañía, encabezada por Franco Andreani, construyó una trayectoria vinculada con grandes gasoductos y oleoductos, operaciones internacionales y tecnologías destinadas a proteger las tuberías frente a problemas de corrosión y condiciones operativas exigentes.
Uno de los puntos de inflexión se produjo en 1995, cuando incorporó tecnologías avanzadas mediante una alianza con la italiana Socotherm, cuya operación global posteriormente quedó en manos del grupo industrial argentino.
A partir de ese proceso, la empresa desarrolló capacidades en países como Brasil, Colombia y Venezuela, además de participar en proyectos fuera de América Latina. Entre ellos aparece un oleoducto de alrededor de 1.500 kilómetros en Tanzania para TotalEnergies, donde se aplicaron soluciones para transportar crudos parafinados.
Dentro de la infraestructura latinoamericana, Andreani destacó especialmente la participación de la compañía en el gasoducto Bolivia-Brasil, una de las grandes obras de integración energética de la región. Para ese proyecto llegaron a operar simultáneamente tres plantas de revestimiento.
La empresa también comenzó una nueva etapa en Venezuela, donde logró recuperar una planta especializada en tratamientos para proteger tuberías contra la corrosión externa e interna que había permanecido paralizada durante ocho años.
Según Andreani, una de las claves para recuperar esa operación fue conservar al personal especializado durante el período de inactividad. Parte de los trabajadores considerados estratégicos continuaron desempeñándose en otras áreas de la compañía hasta que fue posible reactivar las instalaciones.
En Argentina, Socotherm también acompañó diferentes etapas de ampliación de la infraestructura destinada a evacuar la producción de petróleo y gas. Una de sus intervenciones recientes estuvo relacionada con el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS).
La compañía participó en el acondicionamiento y revestimiento pesado del tramo submarino, donde fue necesario aplicar materiales especiales de concreto a los caños para incrementar su peso y permitir que permanezcan sobre el lecho marino.
Ahora, parte de ese conocimiento industrial se traslada directamente al corazón de la Cuenca Neuquina mediante la alianza entre Plastiferro Oil & Gas y el Grupo Andreani, que puso en marcha la planta Tubogreen en el Parque Industrial de Plaza Huincul.
La fábrica cuenta con una nave industrial de 6.000 metros cuadrados y está destinada a producir localmente tuberías flexibles reforzadas de material compuesto para transportar a alta presión petróleo, gas y agua utilizada en las operaciones de fractura.
La tecnología apunta a sustituir progresivamente determinados caños tradicionales de acero de hasta ocho pulgadas utilizados en las líneas secundarias que conectan los pozos con las instalaciones encargadas del tratamiento de los fluidos.
Una de sus principales características es que las tuberías pueden fabricarse en rollos continuos de hasta 1.500 metros, reduciendo considerablemente la cantidad de soldaduras y uniones necesarias durante la instalación en campo. Esto permite acelerar los trabajos y disminuir costos operativos.
Los tubos incorporan además una capa interna termoplástica preparada para enfrentar fluidos corrosivos y la abrasión asociada al retorno de las arenas utilizadas durante la fractura hidráulica, dos factores relevantes para las condiciones operativas de Vaca Muerta.
Tubogreen comenzará con una capacidad productiva de aproximadamente 200 kilómetros anuales, mientras que el proyecto contempla incorporar una segunda línea que permitiría elevar ese volumen hasta los 400 kilómetros por año.
La oportunidad industrial es significativa: según las estimaciones planteadas por Andreani, en la Cuenca Neuquina se instalan actualmente cerca de 800 kilómetros anuales de tuberías secundarias, una demanda que podría continuar aumentando a medida que crezca la producción.
El proyecto incorpora además una perspectiva de economía circular. Al utilizar materiales que no sufren corrosión como el acero, la compañía plantea que parte de estas redes podría tener otros usos en el futuro, incluso como infraestructura para sistemas de riego una vez finalizada su función dentro de la actividad hidrocarburífera.
Andreani proyectó que durante los próximos cuatro años la inversión destinada a tuberías e infraestructura de capital en Vaca Muerta podría alcanzar prácticamente el doble de todo lo invertido desde 2013. Frente a ese escenario, la nueva planta de Plaza Huincul busca ganar participación con producción local, tecnología y soluciones orientadas a reducir los costos de desarrollo del shale neuquino.