El sur de Neuquén comienza a consolidar nuevas expresiones vitivinícolas que amplían la identidad productiva y gastronómica de la provincia, con proyectos que combinan experimentación, paisaje y fuerte vínculo con el territorio.
Uno de esos casos se desarrolla en la Estancia Chimehuín, entre Junín de los Andes y San Martín de los Andes, donde un pequeño viñedo de aproximadamente una hectárea se transformó en una experiencia productiva pionera para la región.
El proyecto nació como una iniciativa experimental orientada a evaluar qué variedades podían adaptarse a las condiciones climáticas del sur neuquino, caracterizadas por períodos cortos de crecimiento, bajas temperaturas y un entorno natural exigente.
A partir de distintas pruebas realizadas durante años, comenzaron a consolidarse cepas capaces de completar su ciclo y alcanzar niveles de maduración adecuados en una de las zonas más australes de producción vitivinícola de Neuquén.
Actualmente, el emprendimiento trabaja con variedades tintas como Pinot Noir, Malbec y Merlot, además de blancas como Sauvignon Blanc, Chardonnay y Müller Thurgau.
La producción se realiza mediante un esquema articulado con otras bodegas de la región, donde las uvas cultivadas en el viñedo son posteriormente elaboradas dentro de la cadena vitivinícola neuquina.
“Es un viñedo chico, pero que nos permitió experimentar mucho y aprender en el camino”, explicó Clara Rubio, integrante de Viñedos Chimehuín, durante su participación en la Fiesta Nacional del Chef Patagónico.
Uno de los rasgos distintivos del proyecto es su enfoque sustentable y el fuerte vínculo con el paisaje del valle del río Chimehuín, donde el entorno natural forma parte central de la identidad del vino.
“El lugar te condiciona, hay que estar muy encima de todo el ciclo, pero también te da una identidad muy fuerte”, señaló Rubio sobre la experiencia de producir en el sur cordillerano.
La reciente vendimia realizada en la estancia, incorporada por primera vez al calendario provincial, mostró además el creciente interés turístico y cultural que despiertan este tipo de propuestas vinculadas al vino y la gastronomía regional.
Desde el sector destacan que este crecimiento forma parte de un proceso más amplio de diversificación productiva en Neuquén, donde la vitivinicultura comienza a ganar protagonismo como actividad económica, turística y cultural integrada al desarrollo regional.