Volver a las raíces: La familia Viola renueva su compromiso como empresa familiar con Bodega Malma

(Por Natali Ruiz de Galarreta) La familia Viola viene de transitar un camino que pocos pueden soñar con repetir: pioneros en la industria vitivinícola de la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén (Viola padre fue quien con gran hazaña plantó los primeros viñedos en el árido suelo norpatagónico de San Patricio del Chañar), hoy vuelven a poner su sello distintivo en Bodega Malma.

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Julio Viola Jr, Garciela Palenzuela, Ana Viola y Julio Viola - Foto: El Cronista.
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Julio Viola, Ana Viola y Julio Viola Jr - Foto: El Cronista.

Tras una “separación de caminos” con la Corporación América que preside Eduardo Eurnekian, con quienes lograron catapultar los renombrados vinos de Bodega del Fin del Mundo a nivel internacional, hoy se plantean un presente y futuro mucho más ligado con el disfrute y las relaciones humanas, que no les era posible desarrollar como parte de una gran corporación.

Y este último año se les dió la oportunidad buscada: Una vez cumplido el ciclo societario con Eurnekian, Bodegas del Fin del Mundo y Bodega Malma se separaron en dos emprendimientos autónomos.

“(Con Corporación América) se fueron marcando cada vez más las diferencias de estilo, y de conducción. Nosotros queríamos ser más una empresa de tipo familiar, así que nuestra idea fue volver a serlo, con el objetivo de ser sustentables para vivir y disfrutar del negocio del vino”, sostuvo al respecto Julio Viola Jr.

Con 127 hectáreas de los viñedos originales plantados a 60 km de Neuquén Capital (que en su momento se vendió a la familia Focaccia), el presente los encuentra con la refundación de Bodega Malma, una bodega en manos de una familia fundadora que los Viola quieren aprovechar para lograr marcar un diferencial con sus competidores.

“Desde el momento uno de esto toda la familia se involucró en la industria, con mi papá a la cabeza y mi mamá ayudando en un montón de temas. Después me sumé yo en la parte de comercio exterior, y en el 2003 se suman mi hermana y cuñado, desde el marketing y la administración. Y ahora, con Malma, estamos todos trabajando de nuevo tras un fin común”, remarcó el viticultor.

Si bien la situación económica del país para el producto es incierta (el año pasado las ventas de vinos bajaron un 40% en el mercado interno), la apuesta con Bodega Malma es la de mantener su estatus en el mercado local, pero con la mira en crecer en el exterior. Es así que marcaron el rumbo definido de ampliar la participación en los vinos de alta gama, para pasar del actual 30% de producción en el sector a un balanceado 50%.

“Creemos que hay un potencial en la bodega, en los viñedos y en los profesionales para  hacer un escalón más en cuanto a la producción de alta gama; y también tenemos un par de ideas para poner unos vinos novedosos en el medio”, remarcó sobre el tema. Uno o dos de estos vinos más “novedosos” es una de las propuesta que se tiene en mente desvelar para fines de este año.

Otro punto de crecimiento a futuro es el restaurant de la bodega, que gracias al turismo de negocios relacionado con la industria del petróleo muestra un fuerte potencial. “Vamos a invertir para mejorar el servicio y la calidad de la comida, con la intención de llevarlo a otro nivel”, añadió Viola.

“Siempre hacia adelante, pero con los pies sobre la tierra” es el lema que sostiene la familia. Y el futuro, como lo fue el pasado, parece estar pavimentándoles un camino con numerosas posibilidades de crecimiento.

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