Tres décadas de aprendizajes y aciertos hacen de Blancoamor una referencia obligada de Neuquén

(Por Natali Ruiz de Galarreta) Todo comenzó por un desafío. Carlos Kreplak y Ema Torchia (dos jóvenes contadores que migraron de Buenos Aires), abrieron hace 33 años un pequeño local de sábanas, cortinas y toallas en pleno centro neuquino para probar que ellos podían llevar adelante un negocio. Pero principalmente, que podían administrarlo tan bien que a fin de mes siempre tuvieran el dinero necesario para pagar sin chistar a quien les lleve  las cuentas.

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“Con mi mujer llegamos y lentamente fuimos creciendo como estudio contable. Pero nos costaba muchísimo trabajo cobrarle a los clientes, porque en esa época lo último que pagaban era al contador. Hasta que un día nos hartamos y un cliente me dijo: ‘Decime, vos que sos tan guapo, por qué no venís de este lado del mostrador y ves si sos capaz de pagar el alquiler, los sueldos, los impuestos, y te queda plata para pagarle al contador´”, relató Carlos Kreplak sobre la primer idea de Blancoamor. Su negocio de textiles, muebles, colchones y electrodomésticos para el hogar  hoy cuenta con sucursales en Neuquén, Cipolletti, Plottier y Cutral Có. 

Carlos señaló que ese mismo cliente un día le dijo que había un local disponible en Avenida Olascoaga, casi esquina Alcorta. “Y vimos en un breve estudio de mercado que lo que no había bien atendido en Neuquén era la parte textil del hogar. Pero cuando empezamos, no teníamos ni idea del rubro, más que una toalla servía para secarse”, remarcó risueño.

El desafío fue grande, pero desde ese momento, Carlos y Ema aprendieron. Y mucho, ya que de aquel pequeño local a la calle hoy se derivan  sucursales, una fábrica propia de colchonería y una financiera.

“A mi viejo le gusta mucho la comunicación, así que de entrada empezó a publicitar la apertura. Y desde el primer momento en Blancoamor hubo cola de gente para comprar”, resaltó Federico Kreplak, hijo de la pareja y segunda generación a cargo de la empresa.

Y si bien en un primer momento todo fue color de rosas, hubo  turbulencias. Principalmente, hacia fines de la década del 90, cuando cerraron todas las sucursales de la cadena salvo por una. 

“En esa época los supermercados vinieron a quitarnos los clientes, no podíamos competir. Entonces aprendimos que teníamos que diferenciarnos, y ser más eficientes. Y ahí también vimos que nosotros estábamos sobre-expandidos en un mercado en crisis, así que hicimos lo que se llama un downsizing. Pero, ¿achicarse para desaparecer? No, achicarse con el objetivo de tomar energía para crecer en el momento que sople el viento de cola”, puntualizó su fundador. 

Federico se incorporó oficialmente en el negocio en el 2005 tras realizar un MBA en Canadá. Él le sumó a la empresa una nueva visión de gestión empresarial, y con la mira puesta en utilizar la tecnología a su favor. “Mi viejo se había quedado sólo con el local de Perito Moreno para esa fecha. Pero fuimos haciendo de a poco alianzas comerciales, y crecimos”, señaló Kreplak hijo. 

La primer gran barata de muebles en Neuquén fue producto de la familia Kreplak,  cuando se constató que vender sólo blanco ya no alcanzaba. Luego empezaron a desarrollar la marca de colchones Kress, que armaron en el 2007 tras otra crisis que golpeó a la empresa: la de la espuma. 

Ante faltas de consistencia desde los proveedores de colchones con los que trabajaba Blancoamor, la familia sumó un nuevo desafío a su historia y resolvió crear un producto de mejor calidad. “A diferencia de las grandes fábricas de colchones, nosotros tenemos la posibilidad de tener contacto cercano con nuestros clientes, y sabemos cuáles son las características que ellos necesitan”, indicó al respecto Federico

Con una producción de entre 2.500 a 3.000 colchones por mes, Kress (que lleva el apellido “estadounidense” se la familia, que devino en esas tierras de Kreplak a Kress), se mantiene en su cartera y crece de manera sostenida en la actualidad.

Federico destacó que la mirada de Blancoamor está puesta en la actualidad en el modelo del gigante sueco IKEA. Por eso, además de sumar ideas de diseño y de agilizar procesos, también empezaron a emular lo que los nórdicos ya dominan: que comprar en sus tiendas sea una experiencia de disfrute para toda la familia. El local neuquino de Perito Moreno 445 tuvo una gran remodelación hace poco, donde sumaron dentro del paseo de compras una confitería en la que se pueden encontrar, entre otras, exposiciones de obras de artistas regionales. 

También están próximos a inaugurar un anexo en su casa central donde se venderá bazar y electrodomésticos, con el ojo puesto en aprovechar el momento en que competidores como Saturno cerraron, y otros como Musimundo o Naldo, dijeron, “están ahí”. 

“Estamos de cara al mundo buscando y viajando para tener los mejores diseños para nuestros clientes. En Blancoamor podés conseguir una oferta completa de productos que es difícil encontrar en otro lado”, resaltó su gerente general. La incorporación constante de nueva y mejor tecnología (desde utilizar Big Data en sus procesos, contar con softwares propios para sus comunicaciones internas, hasta apostar fuerte al marketing digital), es otro gran punto de su estrategia comercial, que planean intensificar para jugar a la par de los mejores del mercado.

Los Kreplak sostienen que dedicarse al rubro de la blanquería no es para cualquiera, ya que tiene que hacerse “con amor”. Uno está en la casa de los clientes, en su cama, en su baño. Hay que ganarse el respeto y la confianza de ellos día a día”, señalaron. Por eso, también, ese componente lo muestran orgullosos en su nombre. 

Blancoamor sigue creciendo, y con este, las ganas de superarse y hacerlo bien de la familia que lo lleva adelante. Un desafío que al final, valió la pena tomarse a pecho.

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